¿Qué son los bonos?
Los bonos o renta fija son préstamos a empresas y gobiernos en los que los inversionistas pueden obtener una ganancia tanto por el cobro de una renta periódica y la variación del precio sobre los mismos.
Se llama renta fija porque al comprarlos, el deudor se compromete a pagar una renta (cupón fijo) por el capital que uno invierte. Estos cupones pueden recibirse de manera periódica (trimestral, semestral y anual).
Los bonos, al igual que las acciones, tienen un precio, el cual está en función de la tasa de interés del mercado. Si esta tasa baja, el precio del bono sube y viceversa.
Por ejemplo, ante una caída de la tasa de interés, los inversionistas estarán dispuestos a pagar un mayor precio por aquellos bonos que ofrecen un mayor cupón que la tasa de interés de mercado.
Esto se debe a que la rentabilidad fija (cupón) que ofrecen supera a la que te ofrece el mercado, lo que hace que esos bonos resulten atractivos.
En ese sentido, y tomando en cuenta que la tasa de interés se encuentra aún alta, pero la expectativa es que baje en los siguientes meses, hoy muchos inversionistas quieren invertir en bonos.
Y es así por dos motivos principales:
- A medida que ocurra el ciclo de recorte de tasas y los inversionistas anticipen dicho movimiento, los bonos subirán de precio.
- Se prevé que, en un futuro cercano, las tasas de interés disminuyan y, bajo ese escenario, no se puedan obtener, como renta, las tasas altas que se están pagando hoy.
Es ante esta situación que la ilusión de lograr una rentabilidad que no se veía en mucho tiempo en los bonos se hace cada vez mayor y los inversionistas se preguntan si es momento de invertir en bonos ante lo que parece un inminente proceso de recorte de tasas de interés.
¿De qué dependen los movimientos de tasa de interés?
La tasa de mercado depende de cómo evolucionan las tasas de interés en el mundo. Dentro de esto, la referencia es la tasa que paga el bono de EE.UU., que es determinada por la Fed, el banco central más importante del mundo.
La Fed tiene como mandato controlar la estabilidad de precios (inflación) y el pleno empleo para asegurar un crecimiento económico sostenible. En ese sentido, si la inflación se acelera, las tasas de interés suben.
Al subir la tasa, se busca reducir el consumo y desalentar la inversión para que la economía se enfríe. En el caso de que ocurra lo contrario con la inflación (que los precios decrezcan), se busca dinamizar la economía mediante la reducción de la tasa de interés.
En ese sentido, y tomando en cuenta que la inflación viene desacelerándose y está cada vez más próxima al objetivo de la Fed (2%), en medio de un mercado laboral que se está enfriando pero que aún es sólido, la expectativa es que la tasa de interés continúe bajando en los siguientes meses.
Ante tal expectativa, los bonos surgen como una alternativa atractiva de inversión y más aún cuando en el 2022 tuvieron el peor año de su historia.
¿Cómo puedo invertir en bonos?
Para invertir en bonos hay dos opciones: la tradicional, que es lo que normalmente se hace en la banca privada, y la eficiente, que consiste en invertir a través de ETFs.
Si optas por la primera opción, hay diversos riesgos que debes tener en consideración. Al invertir en una cartera de bonos, el asesor se encarga de armarla en base a las necesidades de cada cliente (tasa de interés, plazo de inversión, calidad de crédito, mercado de inversión). No obstante, esto también genera un riesgo de selección para el inversionista.
En el intento de obtener la mayor rentabilidad, el asesor puede tomar más riesgo del que el inversionista realmente está dispuesto a asumir. Esto, en un escenario de crisis, puede llevar a que las caídas sean más profundas, y que el inversionista se asuste, venda por miedo, realice la pérdida y tenga una mala experiencia en el mundo de las inversiones.
A esto se le suma el seguimiento continuo que se debe hacer a las noticias y eventos económicos para determinar si es necesario hacer un ajuste en el portafolio. Esto implica que tengas reuniones constantes con el asesor privado para saber qué bonos se van a comprar, de qué país o mercado, y entender su funcionamiento, así como cuán diversificado está tu portafolio. Además, debes conocer todos los costos de corretaje y administración asociados a una cartera de bonos. Estos últimos pueden oscilar entre 0.5% y 2% del dinero invertido.
Existe otro riesgo, que es el de reinversión. Normalmente, las carteras de bonos se arman por períodos de 4 o 5 años, pero el horizonte de un inversionista común suele ser de 15, 20 años o incluso más tiempo. Eso significa que, a medida que venzan los bonos, tendrán que ser reemplazados por otros y, en un escenario de tasas más bajas, esto puede afectar la rentabilidad esperada del inversionista.
Si optas por la opción eficiente o sea mediante un fondo que replica a un grupo específico de bonos (ETFs), la gran mayoría de los riesgos mencionados líneas arriba se mitigan.
A diferencia de una cartera de bonos, los ETFs no compran ni venden bonos constantemente. Por estrategia y regulación, se mantienen invertidos en los bonos que pertenecen al índice que replican y solo hacen ajustes (compras/ventas) cuando la composición del índice cambia.
Esa estrategia de mantenerse invertido (estrategia pasiva) reduce los costos, ya que no se requieren grandes equipos para el seguimiento de los bonos. Todo está establecido: el ETF sigue una calidad de crédito, un vencimiento y un mercado de inversión predeterminados. Esto hace que los costos se reduzcan y sean bajos.
Por ejemplo, el costo del AGG (ETF de los bonos corporativos y de gobierno de la mejor calidad de EE. UU.), que es la referencia para el mercado de bonos, es de 0.03%. Esto, comparado con las comisiones de brokeraje del mercado, representa un costo mucho más bajo.
La estrategia de los ETFs permite que el riesgo de selección desaparezca, ya que el gestor del fondo debe alinearse a las características del índice que sigue. Esto evita que se compren bonos que no se ajusten a la estrategia por la que se decidió invertir en dicho ETF. De esa manera, nunca se estará tomando más riesgo del que se está dispuesto a asumir.
A esto se le suma que el riesgo de impago o “default” es muy bajo y de poco impacto. El AGG, uno de los ETFs en los que invertimos, tiene más de 10,000 bonos de la mejor calidad (más seguros del mundo). No obstante, en caso de que uno incumpla, esta diversificación permite que el impacto sea mínimo o nulo sobre el portafolio del ETF.
Esto no sucede en una cartera tradicional de bonos de la banca privada, en la que normalmente se tiene entre 5 y 10 bonos, y, por ende, el impacto de impago de un bono es más alto.
Y, ¿qué pasa si ya invierto en bonos de Latam? ¿Me quedo o me voy a EE.UU.?
Recomendamos que, si ya estás invertido en bonos latinoamericanos, traslades tu inversión hacia los bonos corporativos de EE.UU., como los que incluye el Fondo ‘Panda Zen’.
Consideramos que, ante un inminente ciclo recorte de tasas y en un contexto donde el precio de muchos bonos latinoamericanos ha sido afectado por el aumento de tasas de interés realizado en el 2022 (los bonos cayeron de precio), la experiencia de recuperación en EE.UU. va a ser más tranquila que en Latinoamérica.
En los últimos 20 años, la fluctuación de precio (volatilidad) de los bonos de Latinoamérica, es decir las subidas y bajadas de precio en el corto plazo han
han sido mayores a los bonos que componen nuestro fondo Panda Zen (9.7% vs 6.5%). Ello como resultado del mayor riesgo que hay en nuestra región y las características propias del mercado latinoamericano (baja liquidez, poca profundidad e ineficiencia).
A esto se le suma que, en escenario de crisis, las caídas de los bonos latinoamericanos son más profundas. Por ejemplo, en la crisis financiera del 2008, los bonos latinoamericanos cayeron cerca de 30% desde su punto más alto y se recuperaron en casi un año, mientras que los bonos corporativos de EE.UU. cayeron -13.9% y se recuperó en un poco más de 3 meses.
En el 2020, cuando estalló la pandemia (Covid-19), la situación fue similar. Los bonos Latinoamericanos cayeron 22.7% desde su punto más alto, mientras que los bonos corporativos cayeron cerca de 13.7%. Y, al igual, que en la crisis del 2008, los bonos latinoamericanos tardaron más en recuperarse, tomando 9 meses, en comparación con los 3 meses que le tomó a los bonos americanos.
Son esos motivos (volatilidad y caídas más profundas) los que mantienen a un inversionista intranquilo y genera que las emociones pesen más a la hora de tomar una decisión de inversión.
En ese sentido, nosotros consideramos que EE. UU. es el único mercado donde puedes estar tranquilo, ya que para nosotros un menor riesgo significa una mayor rentabilidad en el largo plazo.
Pero ¿qué pasa si mi bono de Latam es de la mejor calidad?
A la hora de invertir en bonos hay que tener en cuenta que el riesgo de Latinoamérica no es el mismo riesgo que hay al invertir en EE.UU.
Para los bonos existen dos escalas de calificación de crédito: nacional e internacional. La calificación nacional evalúa la solvencia del emisor en función de variables económicas como tasas de interés, inflación, tipo de cambio y liquidez dentro de su contexto local. Esto significa que evalúa su capacidad de pago en comparación con otras empresas de su entorno. En cambio, la escala internacional también mide esa solvencia utilizando las mismas variables, pero lo hace en relación con empresas de todo el mundo.
Las calificaciones son expresadas en letras (de A a D) e indican la capacidad de pago. Cuanto mejor sea la calificación, menos riesgoso se considera el bono. Una calificación AAA significa bajo riesgo (alta calidad de pago), BB sugiere riesgo moderado, CCC indica alto riesgo de impago y D un impago inminente o ‘default’.
Hay que tener en cuenta que un bono puede tener una alta calificación a nivel nacional, pero esto no implica que tenga la misma calidad o riesgo a nivel internacional.
Por ejemplo, un bono corporativo de Bancolombia tiene una calificación que dentro del mercado colombiano es de la mejor calidad (AAA), sin embargo, a nivel internacional no necesariamente lo es (BB+).
Clasificación de Bancolombia
Fuente: Fitch Rating
Esta diferencia de calificación refleja que los países latinoamericanos son más riesgosos en el contexto internacional, ya que suelen verse más afectados ante los riesgos propios de su economía (político, social, económico y de tipo de cambio, etc.).
Entonces, al invertir en bonos, primero es necesario asegurarse de que la calificación considerada sea la internacional, ya que permite comparar riesgos entre bonos de diferentes. De lo contrario, al no hacerlo, se estará tomando más riesgo del que realmente se está dispuesto a asumir.
Entonces, ¿qué recomendamos?
Recomendamos invertir en los bonos corporativos de EE.UU., que a diferencia de antaño están pagando mejores tasas de interés. Esta expectativa de que el precio de los bonos en general se recuperará brinda la opción de tener una experiencia de recuperación más tranquila, permitiendo alcanzar a la larga los objetivos de inversión.
Nuestro Fondo Mutuo Panda Zen, invierte en los bonos corporativos de EE.UU. y en la actualidad está ofreciendo una rentabilidad estimada de 5.7% similar a la ofrecida por los bonos más riesgosos (Latam: 6.6%),
Un abrazo,
Nacho, Mario, Alex, Maria Paz, Nicolas, Pablo y Jhonatan.