¿La inflación viene para quedarse?

La semana pasada, se publicó la data de inflación de EE.UU. más alta desde 1990. El índice de precios al consumidor (IPC) creció +6.2% en octubre comparado con el mismo mes del año anterior.

Este fenómeno se repite a lo largo del mundo. En Perú, la tasa de inflación de octubre fue de +5.23%, la más alta en 25 años. El Reino Unido, en la última semana público el dato de inflación de +4.2%, el más alto en 10 años. En Europa, el dato de octubre (+4.1%) es el más alto desde 1997.

La crisis de oferta, las restricciones en la cadena de abastecimiento, los altos precios de las materias primas y la fuerte reactivación de la demanda luego de la pandemia son los principales factores que generan presiones inflacionarias en las economías a nivel mundial.

Los representantes del Gobierno Americano y la mayoría de inversionistas institucionales sostienen que este es un efecto temporal, derivado del gran programa de estímulo monetario que ya se está reduciendo (desde noviembre) y de las restricciones de oferta que esperan que se solucionen en el corto plazo.

Otros piensan que es un fenómeno permanente, dado que la obstrucción en la cadena de abastecimiento a nivel mundial se solucionará en el mediano o largo plazo. Entonces, surge la pregunta: ¿la inflación viene para quedarse?

¿Qué es la inflación y cómo se mide? ¿Por qué preocupa tanto? ¿Qué tan fuerte puede ser el efecto? ¿Qué ha generado estos niveles de inflación? ¿La inflación viene para quedarse? ¿Cómo nos protegemos? ¿Qué recomendamos?

 


 

¿Qué es la inflación y cómo se mide?

 

La inflación es la subida generalizada en los precios de una economía. Existe un índice que considera el precio de los principales bienes y servicios de primera necesidad para que una familia pueda subsistir. A este índice se le conoce como “Índice de Precios al Consumidor” (IPC).

La inflación mide cómo cambia este índice (IPC). Normalmente, cuando se habla de la inflación de una economía, se está considerando la variación de los últimos 12 meses (un año).

 

¿Por qué preocupa tanto?

 

Porque la inflación cambia las decisiones de consumo, afecta las tasas de interés y determina el nivel de bienestar de las personas.

Cuando hay más inflación, las personas se enfocan más en el consumo de corto plazo y tienden a gastar su dinero más rápido (antes de que este pierda valor).

Adicionalmente, la inflación es el principal factor en consideración para la toma de decisiones sobre la política monetaria de un país. Si hay inflación alta, los bancos centrales se ven obligados a hacer política monetaria más contractiva para controlar la subida de precios.

En la actualidad, que la mayoría de países se encuentran aún en una fase expansiva por la pandemia, los bancos centrales se ven obligados a reducir el estímulo (reducir compra de bonos – tapering – y subir tasas de interés de referencia) antes o en mayor medida de lo esperado para controlar la inflación.

Entonces, a más inflación, las tasas de interés tienden a ser más altas y eso afecta al valor del dinero y desincentiva la inversión y el consumo.

También, si la inflación no viene acompañada proporcionalmente de mayores sueldos, el poder adquisitivo de las personas cae, junto con su nivel y sensación de bienestar.

 

¿Qué tan fuerte puede ser el efecto?

 

El efecto puede ser importante. Esta subida en los precios se está dando a nivel global luego de casi 30 años de niveles de inflación por debajo de 2%.

En primer lugar, hay un efecto negativo en el poder adquisitivo. Para comprarte lo mismo que te comprabas hace 10 años con $1,000, necesitarías $1,220 hoy (eso equivale a una inflación promedio de 1.8% al año).

Por otro lado, está el efecto de la inflación en el valor de las inversiones. Por ejemplo, un bono es un instrumento cuyo valor depende de las tasas de interés de mercado, y estas últimas dependen de la inflación. Un incremento en las tasas de interés (por un aumento en la inflación) genera una caída en el precio de los bonos, que puede ser significativa mientras mayor sea la madurez de estos.

Lo mismo pasa, en distintas medidas, con las inversiones cuyo valor depende de un retorno esperado en el futuro, como las acciones. Pero, en el tiempo, el precio de las acciones se compensa, porque las utilidades de las empresas incrementan si estas son capaces de traspasar la subida de precios al consumidor y capitalizar la inflación en mayores márgenes.

 

¿Qué han generado estos niveles de inflación?

 

Una combinación de mayor demanda y menor oferta.

La reactivación económica, luego de los cierres de las economías por pandemia, ha sido más acelerada de lo previsto. Por otro lado, las restricciones en la cadena de abastecimiento (cuellos de botella en puertos, escasez de contenedores, escasez de chips, entre otros) han generado una reducción y retraso en los procesos productivos a nivel global.

Ambos factores generan presiones al alza en los precios de las economías.

 

¿La inflación viene para quedarse?

 

No lo sabemos. Esta es la típica variable sobre la cual todo el mundo especula y la mayoría se equivoca.

Las presiones al alza en precios por el lado de la demanda deberían estabilizarse. Este mes, la Reserva Federal Americana (Fed) dio inicio al recorte del estímulo monetario (recorte de compra de bonos –tapering), que terminaría a mediados del 2022. El recorte genera un incremento en las tasas de interés de mercado, sobre todo las de largo plazo, y eso desincentiva el consumo (y, por ende, causa una caída en la demanda).

Por el lado de las presiones de oferta, es más difícil de determinar. La data nos indica que pareciera que ya pasó el peor momento en la crisis de la cadena de abastecimiento. El costo de los contenedores, aunque todavía está 3 veces por encima de los niveles pre pandemia, viene reduciéndose por 8 semanas consecutivas y se encuentra -10% por debajo del punto máximo alcanzado en setiembre.

Sin embargo, los rebrotes de COVID-19 a lo largo del mundo (como está sucediendo en Europa actualmente) podrían seguir generando cierres temporales en los puertos o fábricas y, por ende, cuellos de botella en los puertos.

 

Entonces, ¿cómo nos protegemos?

 

La inflación es un fenómeno natural y, en gran parte, relativo. El portafolio está bien preparado para enfrentar entornos como este. La mayoría de monedas comparan su poder adquisitivo con el dólar americano. Al estar invertidos en dólares, en las mejores empresas, y en el mercado más líquido y seguro del mundo, reducimos mucho los riesgos asociados a un proceso inflacionario o de enfriamiento de la economía mundial.

En escenarios de inflación, los instrumentos de renta fija (bonos) tienden a perder valor, pero las acciones compensan en el tiempo, ya que sus utilidades suben con los precios (sus flujos son variables).

Además, una parte de los bonos (10% del portafolio) esta invertida en bonos del gobierno americano indexados a la inflación. También, mantenemos una posición de 7.5% en oro. Ambos instrumentos nos sirven como protección ante la inflación.

 

¿Qué recomendamos?

 

Recomendamos no especular sobre esta situación. Escenarios inflacionarios globales no se dan desde hace más de 30 años y, a la larga, nadie sabe cuánto podrían durar ni a qué empresas o sectores impactarán más (a favor o en contra).

Recomendamos invertir el dinero que quieres cuidar a través de fondos de índices líquidos, eficientes y diversificados (ETFs), con un enfoque muy conservador en las principales empresas de EE.UU., que son las que tienen mayor capacidad de generar eficiencias y productividad en este escenario inflacionario.

Como siempre, quedamos a tu disposición para resolver cualquier consulta.

Un abrazo,

Nacho, Mario, Luciana y Alberto

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